Trastorno de Ansiedad Generalizada – Tratamiento Cognitivo Conductual

 

El trastorno de ansiedad generalizada (T.A.G.) se caracteriza por la presentación de preocupaciones y ansiedad excesivas durante un período de por lo menos seis meses. A diferencia de las fobias específicas o los ataques de pánico, en los cuales existe un origen delimitado y concreto para la ansiedad, en el T.A.G. aparecen temores prolongados más globales e indefinidos, que no se hallan ligados directamente a ningún estímulo, objeto o circunstancia específica. En otros términos, los pacientes que padecen un T.A.G. se encuentran constantemente preocupados “por todo”, por lo que sucede o podría suceder, incluso en ausencia de indicios de dificultades futuras.

Los pacientes con T.A.G. suelen presentar los siguientes síntomas:

  • Preocupaciones excesivas por diversos temas, incluso aquéllos de índole trivial.
  • Un amplio y variado conjunto de temores que los mantienen constantemente “alertas”.
  • Constante anticipación de consecuencias y eventos negativos, es decir esperan “lo peor”.
  • Tensión muscular, que muchas veces conduce a fuertes dolores y contracturas.
  • Dificultad en la concentración, fatiga, irritabilidad e insomnio.

TRATAMIENTO: Relajación muscular profunda y reestructuración cognitiva

Los programas terapéuticos cognitivo conductuales para el tratamiento de este desorden se componen de procedimientos orientados a dotar a la persona de recursos que la ayuden en el manejo de la ansiedad. La respiración abdominal lenta y profunda, las técnicas de distracción y las visualizaciones son algunos ejemplos de las técnicas conductuales más utilizadas. Entre ellas, se destaca la relajación muscular profunda.

Inicialmente, entrenamos al paciente el procedimiento básico, luego aplicamos la técnica de modo específico a algunas de las situaciones –reales e imaginarias- en las que experimenta ansiedad. La persona va aprendiendo paulatinamente a generalizar la respuesta de relajación a una gama cada vez más amplia de circunstancias. De este modo, adquiere una estrategia general de manejo y control de la ansiedad, la cual puede utilizar por su cuenta en futuras situaciones de tensión.

Por otra parte, las cogniciones distorsionadas difusas constituyen un objetivo crucial a trabajar con el paciente que sufre ansiedad generalizada. Para ello, comenzamos por hacer hincapié en la definición de los estímulos asociados al aumento de la ansiedad. Muchas veces, la persona experimenta intenso malestar ante situaciones tan diferentes como rendir un examen, preparar la cena, conversar con su jefe o esperar el colectivo.

La delimitación y diferenciación de las situaciones se orientan a modificar la generalización negativa excesiva e injustificada que la persona realiza. Para alcanzar este objetivo es necesaria la identificación de pensamientos de carácter global y poco específicos como “estoy haciendo todo mal” o “mi vida es un desastre”. Una vez identificados los mismos, llevamos a cabo su discusión, reemplazándolos por pensamientos más realistas y situacionales tales como “no es cierto que esté todo mal, presentar el informe a mi jefe es lo que me provoca ansiedad, puedo completar los puntos que faltan esta noche. El paciente comprende entonces que “sentir ansiedad en determinada situación” es muy diferente a “ser siempre ansioso o a que todo sea negativo”

Dividir la ansiedad global en segmentos identificados y manejables ayudará a la persona a percibir las diversas situaciones de manera acotada y afrontar más adecuadamente la ansiedad asociada a cada una de ellas.

Por: Lic. Ariel Minici, Lic. Carmela Rivadeneira y Lic. José Dahab

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