{"id":698,"date":"2015-03-03T10:08:34","date_gmt":"2015-03-03T15:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/?p=698"},"modified":"2022-04-12T12:45:58","modified_gmt":"2022-04-12T15:45:58","slug":"imperio-emocional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/imperio-emocional\/","title":{"rendered":"Imperio Emocional"},"content":{"rendered":"<h3>\u00bfCu\u00e1nto nos controlan las emociones?<\/h3>\n<blockquote><p>\u201cEl hecho de que una peque\u00f1a concentraci\u00f3n de mol\u00e9culas que corren por el torrente sangu\u00edneo pueda desencadenar pautas complejas de comportamiento es un tema interesante de reflexi\u00f3n cuando se juzgan cuestiones como el libre albedr\u00edo\u201d<\/p>\n<p>Carl Sagan y Ann Druyan<\/p><\/blockquote>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Nos gusta creer que tenemos control y manejo de nuestras vidas, que nuestras acciones se encuentran basadas en elecciones libres y decisiones racionalmente tomadas. Nos agrada sentir que elegimos a nuestros amigos, parejas, el lugar donde vivimos o la carrera que estudiamos. No obstante, operan en nuestro cerebro infinidad de mecanismos autom\u00e1ticos e inconscientes de los cuales nosotros apenas tenemos alguna noticia. Y, seguramente, en el concierto de procesos psicol\u00f3gicos, son las emociones las que se destacan por su gran autonom\u00eda. As\u00ed el enojo, el miedo, los celos, la alegr\u00eda, la sorpresa casi siempre aparecen m\u00e1s all\u00e1 de nuestra voluntad, como reacciones impuestas a las cuales apenas podemos controlar. Afortunadamente, la Psicolog\u00eda ha brindado herramientas que permiten manejar los procesos emocionales, particularmente aqu\u00e9llos que se tornan sufrientes y patol\u00f3gicos.<\/p>\n<h3>\u00bfPor qu\u00e9 reaccionamos emocionalmente?<\/h3>\n<p>Comencemos con algunos ejemplos:<\/p>\n<p>Carlos se encuentra en su trabajo cuando su superior se le acerca y le comenta que no podr\u00e1 tomar sus vacaciones en el momento por \u00e9l solicitado. Antes de terminar de escuchar la frase, Carlos ya se ve invadido por un sentimiento de enojo que le cuesta disimular. Siente algo de calor en el rostro y las manos, el palpitar de su coraz\u00f3n y una tensi\u00f3n muscular generalizada.<\/p>\n<p>Marcos espera a su pareja en la puerta de la facultad. Ella sale del edificio conversando con un compa\u00f1ero del cual se despide con un beso y una suave palmada en el hombro. Marcos se ve instant\u00e1neamente invadido por un fuerte sentimiento de celos que raya con el enojo. Su rostro se pone tenso, mira fijamente a su novia cuando se acerca y antes de incluso saludarla no puede evitar preguntarle \u201c\u00bfqui\u00e9n es ese tipo?\u201d con un tono \u00e1spero y ojos inquisidores.<\/p>\n<p>Marina llega a su casa luego de una jornada agotadora de trabajo. Sus dos hijos con su esposo la esperan. Al verla entrar, ambos ni\u00f1os corren a abrazarla gritando \u201cmam\u00e1, mam\u00e1\u201d. Marina siente una inmensa alegr\u00eda desde el mismo instante en que visualiza el rostro de sus ni\u00f1os, un regocijo que desborda en sonrisas, besos y abrazos.<\/p>\n<p>Los tres ejemplos narrados muestran situaciones cotidianas, no patol\u00f3gicas, en las cuales las personas reaccionamos emocionalmente con tan s\u00f3lo estar expuestas a los est\u00edmulos adecuados. No nos resulta necesario ning\u00fan tipo de esfuerzo, voluntad ni planificaci\u00f3n para vernos invadidos por los afectos, los cuales en todos los casos nos resultan tan normales y naturales que dif\u00edcilmente nos detengamos a pensar sobre ello. De este tipo de ejemplos est\u00e1 plagada nuestra vida. Y dif\u00edcilmente podamos sostener que \u201celegimos\u201d reaccionar o actuar de tal o cual modo; muy por el contrario, en casi todos los casos las emociones se presentan en fracciones de segundos, ti\u00f1endo desde nuestra percepci\u00f3n hasta nuestros actos. Del mismo modo se van. Ninguna elecci\u00f3n cuenta ac\u00e1.<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00bfpor qu\u00e9? \u00bfCu\u00e1les son los motivos por los cuales tenemos estas reacciones emocionales que tanto colorean nuestras vidas? \u00bfEn qu\u00e9 grado las controlamos y cu\u00e1nto ellas nos controlan?<\/p>\n<p>Hay diferentes niveles de an\u00e1lisis para responder a las pregunta de por qu\u00e9 reaccionamos emocionalmente. El primero de ellos tiene que ver con las casusas proximales, es decir, con los eventos antecedentes externos e internos puntuales que gatillaron el disparo de las emociones. As\u00ed, por ejemplo, en el caso de Carlos antes mencionado, podr\u00edamos simplemente afirmar que su enojo se debe a que considera injusta la decisi\u00f3n de la empresa de negarle las vacaciones en el periodo solicitado; su reacci\u00f3n se explica por la noticia que su superior le transmite y su valoraci\u00f3n de la misma como injusta. De igual manera, Marcos reacciona con celos porque ve que su novia tiene gestos cari\u00f1osos con otro hombre, lo cual \u00e9l considera una amenaza a la fidelidad. Casi parece bizarro tener que explicar el por qu\u00e9 de la alegr\u00eda de Marina, obviamente, porque ve a sus hijos, ellos y sus expresiones de afecto son las causas proximales de sus sentimientos positivos. Ahora bien, nosotros podemos ir un paso m\u00e1s all\u00e1 y preguntarnos por qu\u00e9 tales o cuales antecedentes t\u00edpicamente son disparadores de tales y cuales reacciones emocionales. As\u00ed, por ejemplo, \u00bfpor qu\u00e9 reaccionamos con enojo cuando algo o alguien interfiere con nuestros objetivos, particularmente si tal obst\u00e1culo lo consideramos injusto? \u00bfPor qu\u00e9 sentimos celos ante los signos cari\u00f1osos de nuestras parejas con otros potenciales competidores? O, finalmente, \u00bfpor qu\u00e9 una madre se alegra tanto al encontrarse con sus hijos peque\u00f1os?<\/p>\n<p>El segundo tipo de respuestas nos lleva a otro nivel de an\u00e1lisis, el cual se relaciona directamente con las funciones evolutivas de las emociones, con su valor de supervivencia, no tanto para nosotros, sino para nuestra especie. En este sentido, las emociones son patrones de respuesta que han sido seleccionados a lo largo de miles de a\u00f1os porque representaron una adaptaci\u00f3n, una ventaja evolutiva para la supervivencia. Prosigamos con algunos ejemplos.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n de enojo cuando vemos que nuestros objetivos se ven interferidos por otras personas ha facilitado un patr\u00f3n de conductas defensivas orientadas a deshacerse del obst\u00e1culo. As\u00ed, quien nos quitara la comida, el refugio o a nuestros compa\u00f1eros sexuales podr\u00eda ser objeto de nuestra reacci\u00f3n de ira con la consecuente agresi\u00f3n que ello implicaba. De hecho, como es sabido, la fisiolog\u00eda de las emociones nos prepara para una acci\u00f3n espec\u00edfica de acuerdo con el tipo de disparador al que nos enfrentemos. Por ejemplo, tanto el enojo como el miedo comportan una activaci\u00f3n importante del organismo: aumento de la frecuencia card\u00edaca y respiratoria, aumento de la presi\u00f3n sangu\u00ednea, tensi\u00f3n muscular. Pero tambi\u00e9n hay diferencias. El enojo nos prepara para el enfrentamiento, la lucha y por lo tanto, la sangre fluye m\u00e1s intensamente hacia los brazos y manos. Opuestamente, en el estado de miedo nos preparamos para huir y por lo tanto, la sangre se dirige m\u00e1s marcadamente a las piernas que en las extremidades superiores. Pensemos, por ejemplo, en nuestras respuestas sexuales. Al igual que con el enojo o con el miedo, experimentamos un patr\u00f3n generalizado de activaci\u00f3n caracterizado por taquicardia, respiraci\u00f3n agitada, tensi\u00f3n muscular; no obstante, las diferencias son obvias, no s\u00f3lo en el plano som\u00e1tico por la diferente preparaci\u00f3n de los genitales sino por el subjetivo emocional, en el cual vivimos una de las experiencias humanas m\u00e1s agradables.<\/p>\n<p>Al hablar de las emociones en este sentido evolutivo, estamos afirmando que las mismas han favorecido nuestra supervivencia en un ambiente arcaico, no en el mundo moderno signado por la tecnolog\u00eda. As\u00ed, los organismos que corrieron m\u00e1s r\u00e1pido ante un predador o se defendieron m\u00e1s agresivamente de un enemigo, son los que m\u00e1s sobrevivieron. De modo similar, quienes experimentaron mayor placer sexual, copularon m\u00e1s y por ende dejaron m\u00e1s descendencia f\u00e9rtil. Opuestamente, quienes no experimentaron miedo o enojo, no se escaparon ni se defendieron y fueron m\u00e1s f\u00e1cilmente capturados por sus predadores o enemigos; quienes no se sintieron sexualmente atra\u00eddos por potenciales compa\u00f1eros sexuales, han copulado menos y por ende, dejado menor cantidad de descendencia. Este proceso puesto a jugar en t\u00e9rminos de millones de a\u00f1os ha dejado trazos indelebles en el cerebro humano, el cual reacciona ante algunos disparadores con respuestas m\u00e1s adaptadas a la edad de piedra que a la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea. En este contexto de ideas, las reacciones de nuestros primeros ejemplos cobran su sentido; todas ellas son adaptaciones que favorecieron la supervivencia en un ambiente primitivo; algunas siguen si\u00e9ndolo a\u00fan, como el caso de la madre que se alegra al ver a sus hijos; otras ya no tanto, como el caso del trabajador que se enoja porque le niegan sus vacaciones en el periodo solicitado.<\/p>\n<p>El valor evolutivo de nuestro repertorio emocional tambi\u00e9n nos pone en el sendero para explicar algunas de sus otras caracter\u00edsticas m\u00e1s destacadas. Particularmente, las emociones son casi siempre autom\u00e1ticas, r\u00e1pidas, dif\u00edciles de manejar. Esto se debe a que, en la mayor\u00eda de los casos, los patrones afectivos que nos preparan para acciones espec\u00edficas relacionadas con la supervivencia tienen un curso temporal; escasos segundos pueden representar la diferencia entre vivir o morir a manos de un predador, por ejemplo. As\u00ed, el automatismo de las emociones releva al organismo de un proceso de evaluaci\u00f3n consciente y racional que llevar\u00eda m\u00e1s tiempo y por ende, m\u00e1s riesgo, liberando los recursos atencionales para servir a otros prop\u00f3sitos. El disparo emocional es un proceso inconsciente, s\u00f3lo nos anoticiamos del mismo cuando ya est\u00e1 en marcha ejerciendo efectos en nosotros. Esta arista se esclarece a\u00fan m\u00e1s si reflexionamos acerca de que patrones emocionales muy similares a los nuestros tienen lugar en otras especies, que por supuesto, no piensan, no hablan, ni son conscientes.<\/p>\n<p>Nuestro cerebro lleva las marcas de nuestra historia evolutiva, nuestros afectos se revelan como procesos preparados que han servido a ciertos fines de supervivencia en el pasado remoto. Si bien los disparadores arcaicos ya casi no se presentan, los temas comunes s\u00ed. De este modo, las amenazas no provienen de un predador, sino de un superior que nos puede quitar nuestro trabajo; a \u00e9l reaccionamos con miedo o con enojo de acuerdo con las circunstancias. Al ver fotograf\u00edas o videos er\u00f3ticos por internet, experimentamos fuerte placer sexual y una preparaci\u00f3n de nuestro organismo para copular, a pesar de que estemos s\u00f3lo frente a una computadora con la cual no vamos a tener relaciones sexuales ni reproducirnos. Las reacciones arcaicas perduran y se ponen en marcha ante est\u00edmulos nuevos de la cultura; estos \u00faltimos estar\u00e1n algunas veces m\u00e1s, otras veces menos; pero siempre relacionados con los temas centrales de la supervivencia que dieron origen evolutivamente a nuestras emociones.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el valor de nuestras elecciones en todo este entramado de reacciones emocionales? \u00bfCu\u00e1nto elegimos a qu\u00e9 o qui\u00e9n reaccionar? \u00bfCu\u00e1nto elegimos c\u00f3mo reaccionar? Podemos plantear estas preguntas de manera m\u00e1s espec\u00edfica. As\u00ed, por ejemplo, un hombre heterosexual, en situaci\u00f3n de intimidad con una mujer que se encuentra en ropa interior, \u00bfcu\u00e1nto elige excitarse sexualmente y tener una erecci\u00f3n? Un conductor de autom\u00f3vil a quien otro veh\u00edculo se le adelanta inadecuadamente en una curva, \u00bfcu\u00e1nto elige enojarse con el otro conductor? El novio celoso de nuestro ejemplo, Marcos, \u00bfcu\u00e1nto elige reaccionar con celos al ver a su pareja conversar afablemente con otro joven en la puerta de la facultad? Por supuesto, estos son ejemplos groseros, donde aparecen los disparadores emocionales m\u00e1s espec\u00edficos; de ah\u00ed que la reacci\u00f3n se muestre intensamente. No obstante, si pensamos en ejemplos menos espec\u00edficos, como que se nos queme la comida, nuestra compa\u00f1era de trabajo nos sonr\u00eda sensualmente, un amigo llegue tarde a una charla de caf\u00e9 o nuestros hijos nos pidan un nuevo juego para la consola, hallaremos que los distintos disparadores tocan menos cercanamente el tema central de la emoci\u00f3n que se trate, provocando entonces una reacci\u00f3n menor, pero presente al fin y al cabo. Cuanto m\u00e1s cercano el disparador del tema espec\u00edfico de la emoci\u00f3n, mayor la activaci\u00f3n de esta \u00faltima.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n de esta l\u00ednea de an\u00e1lisis no parece dejar muchas dudas. Estamos \u201cprogramados\u201d para experimentar un conjunto de reacciones r\u00e1pidas, autom\u00e1ticas, incluso estereotipadas, de las cuales s\u00f3lo nos anoticiamos una vez que se encuentran en marcha. No hay ac\u00e1 mucho lugar para el libre albedr\u00edo y la elecci\u00f3n. Sin embargo, podemos dejar reservadas estas palabras para otras \u00e1reas de nuestro funcionamiento psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Es sabido de que los seres humanos somos la \u00fanica especie capaz de desarrollar consciencia, pero hay algo m\u00e1s. Tambi\u00e9n somos capaces de desarrollar consciencia de la consciencia, es decir, saber que somos conscientes; lo cual nos permite reflexionar sobre nuestros propios estados y procesos psicol\u00f3gicos, algo a lo cual se lo conoce como \u201cmetaconsciencia\u201d o \u201cmetacognici\u00f3n\u00bb. Si bien no es este un tema cerrado, aqu\u00ed s\u00ed puede radicar una noci\u00f3n algo m\u00e1s fundada cient\u00edficamente de libre albedr\u00edo. As\u00ed es como la gente reflexiona acerca de s\u00ed misma y llega a la conclusi\u00f3n de que sufre a ra\u00edz de su miedo, ansiedad, celos, enojo, tristeza o cualquier otra emoci\u00f3n negativa. As\u00ed es como llegan al consultorio de un psic\u00f3logo, pidiendo ayuda porque padecen como consecuencia de emociones negativas involuntarias y que no pueden manejar.<\/p>\n<p>Y justamente, como el psic\u00f3logo cognitivo conductual conoce acerca del automatismo con el cual operan las emociones, habr\u00e1 de echar mano de m\u00faltiples herramientas. Por un lado, existe un conjunto de procedimientos fuertemente basados en la racionalidad y la autoconsciencia; con ellos favorecemos que los procesos cognitivos m\u00e1s evolucionados y sofisticados tomen al menos parcialmente el control de los procesos emocionales m\u00e1s primitivos e involuntarios. Por otra parte, existe un amplio grupo de t\u00e9cnicas que operan de manera directa sobre los disparadores y procesos emocionales negativos. Estas \u00faltimas, gen\u00e9ricamente t\u00e9cnicas conductuales, apuntan a disminuir la frecuencia, intensidad y duraci\u00f3n de las reacciones emocionales negativas ante ciertos disparadores apoy\u00e1ndose en un aprendizaje situacionalmente guiado, donde priman fuertemente los procesos de condicionamiento. Si las emociones tienen una raigambre evolutiva arcaica e inconsciente, habremos de buscar procedimientos que act\u00faen directamente sobre ella. Si no est\u00e1 en nuestra capacidad elegir cu\u00e1ndo y c\u00f3mo reaccionar emocionalmente, al menos est\u00e1 a nuestro alcance volvernos conscientes de este fen\u00f3meno y procurar disponer nuestro ambiente de suerte tal que facilite o dificulte la aparici\u00f3n de ciertas respuestas. Eso es tal vez lo m\u00e1s cercano que poseemos al libre albedr\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: right; font-size: 0.7em; color: #666666;\">Por: Lic. Jos\u00e9 Dahab, Lic. Carmela Rivadeneira y Lic. Ariel Minici<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button has-custom-font-size is-style-outline is-style-outline--1\" style=\"font-size:16px\"><a class=\"wp-block-button__link has-text-color\" href=\"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/imperio-emocional.pdf\" style=\"color:#b90000\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">descargar este art\u00edculo <i class=\"fa fa-file-pdf\" style=\"font-size:20px;\"><\/i><\/a><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfCu\u00e1nto nos controlan las emociones? \u201cEl hecho de que una peque\u00f1a concentraci\u00f3n de mol\u00e9culas que&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1000,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,430],"tags":[343,134,37,208],"class_list":["post-698","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-conceptuales-teoricos","category-revista-26","tag-autocontrol","tag-emocion","tag-evolucion","tag-inconsciente"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=698"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1641,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/698\/revisions\/1641"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1000"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}