{"id":8,"date":"2010-07-01T19:52:39","date_gmt":"2010-07-02T00:52:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cetecic.com.ar\/revista\/?p=8"},"modified":"2022-04-12T16:16:33","modified_gmt":"2022-04-12T19:16:33","slug":"desesperanza-aprendida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/desesperanza-aprendida\/","title":{"rendered":"Desesperanza aprendida"},"content":{"rendered":"<div class=\"revista19\">\u00a0<\/div>\n<h2>Un modelo experimental de la depresi\u00f3n<\/h2>\n<h3>Lineamientos para su abordaje<\/h3>\n<p>La <strong>desesperanza aprendida<\/strong> es quiz\u00e1 uno de los descubrimientos de la psicolog\u00eda experimental que m\u00e1s difusi\u00f3n ha alcanzado, expandi\u00e9ndose hacia campos conexos como el de la psicolog\u00eda social o la sociolog\u00eda, con impacto incluso en la construcci\u00f3n de algunas ideolog\u00edas pol\u00edticas.<!--more--><\/p>\n<p>Por su puesto, su aplicabilidad inicial y m\u00e1s espec\u00edfica se circunscribe a la psicolog\u00eda cl\u00ednica, particularmente, se ha perfilado como un <em>modelo experimental de depresi\u00f3n<\/em>. A ello nos referimos brevemente en el presente art\u00edculo.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de <strong>desesperanza aprendida<\/strong> -tambi\u00e9n llamado impotencia o indefensi\u00f3n- fue inicialmente descripto por <strong>Bruce Overmier<\/strong> y <strong>Martin Seligman<\/strong> a mediados de la d\u00e9cada del \u00b460. En pocas palabras, ellos descubrieron que si un animal era expuesto a una serie de est\u00edmulos aversivos inescapables e incontrolables, luego desarrollar\u00eda un s\u00edndrome caracterizado por una marcado d\u00e9ficit para iniciar otras conductas y \/ o para aprender conductas nuevas. Un amplio programa de investigaci\u00f3n dej\u00f3 en claro que el factor determinante de un tal s\u00edndrome era la incontrolabilidad percibida por los animales y no el estr\u00e9s de los eventos aversivos. Esto significa que si el animal recibe los est\u00edmulos aversivos, por ejemplo, choques el\u00e9ctricos, pero puede poner fin a los mismos bajando una palanca, girando una rueda o saltando de la jaula hacia otro sitio; vale decir, el animal puede realizar <strong>cualquier conducta de escape<\/strong> que le otorgue <strong>sentido de control<\/strong> sobre la situaci\u00f3n desagradable; entonces no desarrollar\u00e1 desesperanza. Ahora bien, si el animal no puede escapar, es decir, queda simplemente expuesto al estresor, sin que nada de lo que haga pueda poner fin a los est\u00edmulos desagradables, entonces luego de ello presentar\u00e1 <strong>indefensi\u00f3n<\/strong>. Por ejemplo, ya no intentar\u00e1 escapar de otros eventos aversivos, sino que se quedar\u00e1 pasivamente <em>\u201caguantando\u201d<\/em> el malestar aunque con un simple movimiento podr\u00eda irse. Tambi\u00e9n mostrar\u00e1 <em>poco inter\u00e9s<\/em> en una compa\u00f1era sexual en celo e incluso en alimentarse. Su tasa de comportamiento habr\u00e1 <em>disminuido<\/em>, se lo ver\u00e1 <em>quieto<\/em>, <em>aletargado<\/em>, <em>sin motivaci\u00f3n<\/em> para iniciar casi ninguna conducta. Y muy pertinente para nuestros fines, presentar\u00e1 signos de ansiedad y tristeza. \u00a1Eureka!, \u00a1tenemos un modelo animal experimental de la depresi\u00f3n humana!<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de <strong>indefensi\u00f3n <\/strong>se encuadra dentro del <em>condicionamiento instrumental<\/em> u <em>operante <\/em>descripto por <strong>Skinner<\/strong>. El mismo constituye un proceso b\u00e1sico de aprendizaje por el cual los organismos adquieren o eliminan conductas seg\u00fan las consecuencias que siguen a las mismas. Al decir que es un proceso b\u00e1sico, se remarca que se trata de una forma de aprendizaje que comparten <strong>todos los seres vivos con sistema nervioso<\/strong>. Por supuesto que en las diversas especies, este proceso b\u00e1sico adquiere formas muy dis\u00edmiles.<\/p>\n<p>Particularmente, en los seres humanos, el condicionamiento instrumental no s\u00f3lo se aplica a conductas <em>motoras<\/em>, sino tambi\u00e9n a las conductas <em>cognitivas <\/em>y <em>emocionales<\/em>, con un agregado de suma importancia: podemos pensar en tales relaciones. Vale decir, un perro o una serpiente se encuentran sometidas a leyes de contingencias entre sus conductas y las consecuencias que les siguen, los humanos tambi\u00e9n; pero aparte los humanos podemos <strong>darnos cuenta<\/strong> de ellas, somos capaces de generar <strong>consciencia<\/strong>. Lo cual, sabemos, no es poca cosa.<\/p>\n<p>El <strong>condicionamiento operante<\/strong> posee un sentido evolutivo adaptativo muy obvio. Dicho en t\u00e9rminos muy simples, ayuda a eliminar del repertorio del individuo aquellas conductas que han conducido a una consecuencia <em>insatisfactoria <\/em>mientras que aumenta aqu\u00e9llas que conducen a la <em>satisfacci\u00f3n<\/em>, un proceso elemental pero de importancia clave para la supervivencia. Justamente, este proceso b\u00e1sico tan vital es que el que \u201cse enferma\u201d, por as\u00ed decirlo, en la <strong>indefensi\u00f3n<\/strong>. Dilucidemos mejor este punto.<\/p>\n<p>Los animales reciben una seguidilla de eventos aversivos incontrolables, en otras palabras, hagan lo que hagan, no pueden evitarlos. Dado que sus conductas y los eventos desagradables simplemente no tienen nada que ver, \u00bfqu\u00e9 aprenden desde un punto de vista del <strong>condicionamiento instrumental<\/strong>? Pues justamente eso, que su conducta y tales eventos motivacionalmente significativos son <em>independientes<\/em>, en otras palabras, que la conducta no se relaciona de ninguna manera con hechos dolorosos importantes. Si los animales hablaran, nos dir\u00edan \u201cya que de esto no podemos escapar, entonces \u00bfpara qu\u00e9 esforzarse?\u201d. Y de hecho, aunque sus perros no hablaran, desde el mismo inicio <strong>Seligman <\/strong>y <strong>Overmier<\/strong> conceptualizaron a la desesperanza aprendida como un proceso cognoscitivo en el cual la formaci\u00f3n de expectativas se ve\u00eda afectada. Vamos a ello.<\/p>\n<p>Tal como se mencion\u00f3 arriba, una de las cualidades distintivas del <strong>condicionamiento instrumental<\/strong> en humanos radica en que nosotros podemos concientizar las relaciones que establecemos entre nuestras conductas y sus consecuencias. M\u00e1s a\u00fan, podemos verbalizarlas, planificarlas y hasta jugar imaginariamente con relaciones de <em>conducta-consecuencia<\/em> imposibles en la realidad (as\u00ed es que muchas personas \u201cvuelan\u201d extendiendo sus brazos). Esta capacidad de pensar conscientemente las relaciones <em>conducta-consecuencia<\/em> se inscribe en el terreno de la formaci\u00f3n de expectativas. Esperamos que ciertos actos lleven a determinados resultados, por ello, por ejemplo, nos esforzamos leyendo ante un examen o madrugamos cuando buscamos un trabajo. Aguardamos que tales comportamientos nos conduzcan a un resultado deseado. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 pasa con este proceso de formaci\u00f3n de expectativas cuando una persona sufre de <strong>desesperanza aprendida<\/strong>? Ilustremos esto con casos reales.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 suceder\u00e1 con los ni\u00f1os que reciben castigos arbitrarios de forma sistem\u00e1tica por parte de sus padres? Imaginemos por ejemplo un ni\u00f1o cuyo padre o madre padece un <strong>desorden bipolar<\/strong> no tratado adecuadamente y que, por consecuencia, se comporta de manera err\u00e1tica respecto de los l\u00edmites que le impone. As\u00ed, independientemente de la conducta del chico, el padre se mostrar\u00e1 amable y comprensivo cuando se encuentre en un per\u00edodo de estabilidad, <em>avalando incluso comportamientos inadecuados<\/em> como juguetear con alg\u00fan aparato el\u00e9ctrico. No obstante, en un momento distinto puede actuar excesivamente r\u00edgido y castigador, llegando hasta la aplicaci\u00f3n de punitivos f\u00edsicos sin que el ni\u00f1o haya realizado <em>ninguna conducta inadecuada<\/em>. En este caso, claro est\u00e1, los \u201cpremios y castigos\u201d que el peque\u00f1o reciba ser\u00e1n independientes de sus actos. A lo largo de varios a\u00f1os de un tal <em>\u201cmodus operandis\u201d<\/em>, \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1 aprender esta persona de la relaci\u00f3n entre sus conductas y sus consecuencias? Pues, obviamente, <strong>que no se relacionan<\/strong>. He aqu\u00ed la semilla de una <strong>depresi\u00f3n<\/strong>. Con los a\u00f1os, ello conducir\u00e1 a un estilo explicativo pesimista, lo cual significa que se tender\u00e1 a interpretar y explicar los eventos importantes como fen\u00f3menos independientes de la propia conducta.<\/p>\n<p>El programa de tratamiento <strong>Cognitivo Conductual <\/strong>para la depresi\u00f3n incluye el abordaje del <strong>fen\u00f3meno de<\/strong> <strong>desesperanza<\/strong> desde distintos \u00e1ngulos. Por una parte, se vale del cuantioso conjunto de t\u00e9cnicas conductuales espec\u00edficamente dise\u00f1adas para el tratamiento de la <strong>depresi\u00f3n<\/strong>. Entre ellas, destacan la <em>programaci\u00f3n gradual de tareas<\/em> y el <em>entrenamiento a la familia en reforzamiento diferencial de conductas incompatibles<\/em>. El primer procedimiento consiste en planificaci\u00f3n y ejecuci\u00f3n de conductas progresivamente m\u00e1s complejas. La clave de la t\u00e9cnica radica en la <em>gradualidad<\/em>. Dado que inicialmente el paciente se propondr\u00e1 los comportamientos m\u00e1s sencillos, se maximiza tanto la probabilidad de que efectivamente los haga como de que ellos reciban sus <em>reforzadores naturales<\/em>. Obtener reforzamiento por conductas simples empieza a operar una reversi\u00f3n del fen\u00f3meno de <strong>indefensi\u00f3n <\/strong>en el plano conductual porque se generan los incentivos naturales que motivan la iniciaci\u00f3n de nuevas acciones. Sobre esta primera base, se programan entonces tareas m\u00e1s complejas que actuar\u00e1n en el mismo sentido, vale decir, volviendo a vincular el comportamiento con sus consecuencias importantes. El entrenamiento a la familia en <em>reforzamiento diferencial de conductas incompatibles<\/em> propicia que las personas significativas del entorno del paciente aprendan a otorgar <em>reforzamiento social<\/em> a las conductas <strong>opuestas <\/strong>a la depresi\u00f3n y viceversa, que no refuercen el comportamiento propiamente depresivo. Pero tambi\u00e9n se opera cognoscitivamente, apelando a la cualidad distintivamente humana de concientizar las relaciones de contingencia entre el comportamiento y sus consecuencias. Siguiendo el mismo ejemplo, el programa de activaci\u00f3n conductual mencionado recurre a los ejercicios de dominio y agrado, lo cual ayuda al paciente depresivo a valorar cu\u00e1nto pudo efectivamente realizar y cu\u00e1nto le gusto. En s\u00edntesis, nuestro objetivo es <em>\u201ccurar\u201d<\/em> la <strong>desesperanza <\/strong>en el plano conductual y cognitivo. Conductual porque favorecemos acciones concretas que por su naturaleza <em>se conectan<\/em> con sus resultados. Cognitivo, porque procuramos que los pacientes <em>se den cuenta<\/em> de estas relaciones entre sus acciones y los resultados que obtienen.<\/p>\n<p>Por supuesto, el tratamiento <strong>Cognitivo Conductual<\/strong> de la depresi\u00f3n engloba otro conjunto de procedimientos, variadamente relacionados con el fen\u00f3meno de <strong>indefensi\u00f3n aprendida<\/strong>. Pero esto, ser\u00eda el tema de otro art\u00edculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: right; font-size: 0.7em; color: #666666;\">Por: Lic. Ariel Minici, Lic. Carmela Rivadeneira y Lic. Jos\u00e9 Dahab<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons is-layout-flex wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button has-custom-font-size is-style-outline is-style-outline--1\" style=\"font-size:16px\"><a class=\"wp-block-button__link has-text-color\" href=\"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/desesperanza-aprendida.pdf\" style=\"color:#b90000\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">descargar este art\u00edculo <i class=\"fa fa-file-pdf\" style=\"font-size:20px;\"><\/i><\/a><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Un modelo experimental de la depresi\u00f3n Lineamientos para su abordaje La desesperanza aprendida es&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1014,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,423],"tags":[60,6,5],"class_list":["post-8","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-conceptuales-teoricos","category-revista-19","tag-condicionamiento-operante","tag-depresion","tag-desesperanza-aprendida"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8"}],"version-history":[{"count":27,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1686,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8\/revisions\/1686"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1014"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cetecic.com.ar\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}